Semente

Programación realizada para el máster de educación secundaria, por la especialidad de Dibujo, para el curso 3º ESO y la asignatura de Expresion artística.

Esta programación, titulada Semente (que significa ‘semilla’ en gallego, lengua oficial donde se enmarca este proyecto), responde a la necesidad de un modelo de aprendizaje significativo, que tenga en cuenta la diversidad del aula y promueva una enseñanza interdisciplinar, cooperativa, contextualizada, pero, sobre todo, que fomente el pensamiento crítico del alumnado. Este es un aspecto fundamental en un mundo donde el exceso de información ha derivado en ruido, donde un individuo sin pensamiento crítico queda a la deriva de la baja calidad informativa, y cuya tendencia actual parece ir encaminada a incrementar esa premisa. En el contexto de auge de los discursos de odio y pseudocientíficos, que asolan los medios a un ritmo vertiginoso con su consecuente efecto perjudicial. Así, para Bauman (2007), “en la salud de los valores consensuados y los principios de convivencia propios de una sociedad democrática, la propia idea de progreso se ha convertido en un persistente juego de las sillas en el cual un solo segundo de despiste puede generar, para pavor de los jugadores, una completa derrota personal acompañada de la exclusión.”

Otro pilar básico de este trabajo es luchar por la defensa de lo colectivo frente a un también creciente individualismo que nos hace perder el interés por aspectos transversales de la sociedad cuyos problemas nos atañen a todos, siendo las preocupaciones sociales sustituidas por una visión mercantilista de la realidad, que quema etapas a un ritmo acelerado y busca la recompensa en la liberación de microdosis de dopamina, dejando de lado aspectos esenciales en defensa de una convivencia sana y consensuada.

Este proyecto educativo busca poner en valor la calidad educativa a través de una metodología que ponga el foco en los individuos y sus diferentes sensibilidades y no meramente en los contenidos, con la pretensión de intentar ayudar a formar a los alumnos como individuos preparados para discernir la realidad desde un postulado crítico, y una visión científica y empática, que no sea excluyente y que ponga en valor al colectivo. Se apoya en dos de los principios recogidos por la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE), en su forma de descriptores de salida, que buscan “desarrollar un espíritu crítico, empático y proactivo para detectar situaciones de inequidad y exclusión a partir de la comprensión de las causas complejas que las originan” y “sentirse parte de un proyecto colectivo, tanto en el ámbito local como en el global, desarrollando empatía y generosidad.”

Este trabajo, enmarcado en la asignatura EPVA (Educación Plástica, Visual y Audiovisual) en el 3º curso de la ESO, se fundamenta en varios modelos de educación, teniendo en cuenta aspectos definitorios que la ponen en valor. El enfoque general es el de conseguir una dinámica de grupo proactiva, en la cual todos los alumnos avancen, entendiendo y poniendo en valor las necesidades personales de cada uno y las múltiples perspectivas, así como fomentando la flexibilidad propia para aceptar diversas sensibilidades.

Este enfoque es el propio de una metodología cooperativa e inclusiva, que fomenta la creatividad, el pensamiento crítico, la participación activa y la interrelación del alumnado. El profesorado del centro inclusivo debe caracterizarse por su capacidad de reflexión y trabajo cooperativo con los otros agentes del centro y con el alumnado de su aula, entendiendo el rol del profesor como ente transversal que guía desde un enfoque horizontal y tiene en cuenta las necesidades específicas del alumnado. “Un profesorado comprometido con los valores de la escuela inclusiva que en su aula promueve las diferencias individuales y es un facilitador del aprendizaje y de las oportunidades de apoyo, y cuya autoridad, así como la enseñanza, es compartida con miembros de su grupo, es decir, autoriza a los estudiantes a proporcionarles apoyo, a que ayuden a sus compañeros y a que tomen decisiones acerca de su propio aprendizaje” (León, 2012).

Inspirada en enfoques pedagógicos innovadores que cumplan con la premisa expuesta en el párrafo anterior, como el aprendizaje basado en proyectos (ABP), en el cual se destaque y se ponga en valor la parte procesual del aprendizaje, acompañada de una evaluación constante, por encima de un aprendizaje tradicional de carácter resultadista. Por otro lado, busca ejercer una apuesta tajante por el aprendizaje colaborativo y cooperativo, implementando una distribución del aula en grupos con roles asignados que pueden mutar en función de las características y necesidades específicas del alumno, lo que requiere un trabajo previo y constante para la elaboración y modificación de los roles asignados. Estos roles también pueden variar en el tiempo, por lo que dependerán del momento específico del alumno, entendiendo que este no es algo estático y sus dinámicas actitudinales pueden variar, especialmente en una etapa tan crucial en la cual se enmarcan momentos determinantes para su formación, como el hecho de poder alcanzar el logro de identidad.

Implementar también el aprendizaje por retos y el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), el cual busca generar un interés significativo desde una perspectiva artística al conectar las experiencias y contextos personales con los múltiples enfoques y sensibilidades que podemos encontrar entre las diferentes corrientes artísticas, así como indagar sobre medios de expresión que podamos entender como una prolongación del lenguaje y que, por tanto, enriquezca la capacidad expresiva del alumno.

Es importante entender que hacer una defensa de este postulado debe llevarse a cabo desde una perspectiva científica que legitime el discurso. Según Arathoon Girón (2016), “Los investigadores del Center for Applied Special Technology (CAST) identificaron la importancia de lograr conectar los conocimientos y las evidencias neurocientíficas, las ciencias cognitivas relacionadas con los procesos sobre cómo el cerebro adquiere conocimiento para poder proporcionar toda esta información a los educadores y, de esta forma, permitir que los estudiantes maximicen su potencial de aprendizaje. A la vez, se dieron cuenta de que los conceptos básicos del DUA ayudarían a eliminar barreras en el aprendizaje de todos los estudiantes.”

Portadas

Trabajo realizado para ORIGINAL HATERS, Sebastian Black y Nogue Blanco. 2017.



Trabajo realizado para BASTION OFFICIAL. 2011.



Trabajo realizado para WANNA DEE para el album BONITAS LÁGRIMAS. 2017.



Healty Beef

Realización de identidad corporativa y packaging, analizando el posicionamiento de producto en el lineal de una cadena concreta, realizada para la marca Healty Beef destinada al procesamiento de carne de alta calidad.

Cosmos

Proyecto personal de corte editorial que versa sobre la carrera espacial. Este libro narra la confrontación entre dos paises que se postulaban como superotencias y dividieron el planeta entre oriente y occidente en la mitad del siglo xx, dando inicio a una nueva etapa de exploración más allá de lo imaginable.

El gran viaje

«Dentro de un milenio nuestra época se recordará como el tiempo en que nos alejamos por primera vez de la Tierra y la contemplamos desde más allá del último de los planetas, como un punto azul pálido casi perdido en un inmenso mar de estrellas». Carl Edward Sagan

Capítulo primero

La carrera espacial

Los inicios del viaje

La carrera espacial dibujó una etapa única en toda la historia de la humanidad, por lo que supuso en términos de esfuerzo y superación, en un marco realmente corto de tiempo.

Un mundo bipolar

Tras la segunda guerra mundial, dos potencias se disputaron la hegemonía internacional, dando origen a una espiral de acusaciones veladas, paranoia y conspiración. En este escenario se originaba el caldo de cultivo que dió lugar a la guerra fría entre Rusia y Estados Unidos. Esta división tajante entre oriente y occidente planteó una estructuración completamente bipolar. Dibujó una simetría perfecta entre ambos países. Dos modelos de entender la vida, dos formas de organización política que pretendían convertirse en la interpretación hegemónica de un mundo cada vez más global. Ambos países se erguían como postulados completamente antagónicos y se desarrollaban de manera paralela.

La aversión ideológica definía a un enemigo abstracto que residía oculto en el otro hemisferio del globo. Un enemigo que se antojaba desfigurado, informe, y que representaba la encarnación del mal absoluto. Ése era el mensaje institucional. Este contexto de alarmismo social fue provocado por una manipulación atroz, una visión sesgada y un conservadurismo fanático que promulgaba el rechazo hacia el supuesto adversario.

Fue una época de histerismo, en la que los medios animaban a escudriñar el cielo con suspicacia ante un posible ataque nuclear. Un estado de estrés y tensión, del que se aprovecharía Orson Welles para colapsar las calles de un país de doscientos millones de habitantes, mofándose de ese estado de paranoia, en gran medida, autoinfligido. Sorprendentemente, toda esa tensión acumaluda que incitaba a una carrera armamentística sin comparación, fue desviada repentinamente hacia una competición que aplacó temporalmente el emergente espíritu bélico: La carrera espacial.

La última frontera

El mayor viaje realizado por el ser humano, se inició en el contexto de una espiral de competencia directa entre dos superpotencias. Se forjaba así, una era en la que se traspasó una de las mayores fronteras que el hombre ha superado a lo largo de su evolución, ampliando los horizontes, hacia una meta todavía incierta.

Como es lógico, cuando se produce un momento culminante para la humanidad, el ingenio se convierte en un valor al alza, y en este caso, la carrera espacial no fue una excepción. Esta competición por alcanzar el cosmos supuso un enorme renacimiento tecnológico. Las implicaciones propias de toda la investigación y desarrollo aplicados a esta nueva misión de conquistar el espacio, tuvieron una repercusión directa en otros ámbitos más terrenales y cotidianos.

En muchos casos fue objeto de crítica la inversión desmesurada de fondos, especialmente, por parte de los Estados Unidos. Pero toda esta inversión, conllevó un apogeo científico que concernía al ámbito educativo y de desarrollo. La carrera espacial fue, incuestinablemente, la principal impulsora de la revolución tecnológica que tendría lugar en la segunda mitad del siglo XX.

La carrera espacial

El génesis de este periplo germinó durante el transcurso de la segunda guerra mundial. Bajo la tutela del científico alemán Wernher von Braun​, se lanzó en 1942, el primer misil balístico: el cohete V2​; una obra de ingeniería que puso en jaque a Inglaterra y Bélgica en el trecho final de la guerra.

Tras la contienda, la llegada a Berlín otorgó a los vencedores un botín de guerra que sería clave para el posterior desarrollo de sus respectivos programas: los científicos alemanes que participaron en el programa de desarrollo de los V2​. Este trofeo se repartió sigilosamente entre Estados Unidos y Rusia, en las respectivas operaciones Paperclip​ y Osoaviakhim.​ Los científicos alemanes contribuyeron en ambas potencias al desarrollo de cohetes balísticos.

Obviamente, estos programas se financiaron inicialmente con fines más oscuros que la conquista del cosmos, pero al fin y al cabo, fue esta tecnología la que posibilitó el inicio de la carrera espacial. El propio Von Braun​ creador de los V2​ fue integrado en la NASA​ tras la guerra, y se convirtió en el principal diseñador del Saturno V​, que llevaría a Neil Armstrong​ a pisar la superficie Lunar.

El 4 de octubre de 1957, con motivo del Año Geofísico Internacional​, la URSS​ puso en órbita el primer satélite artificial: el Sputnik 1​. Este gran avance para la humanidad disparó la tensión en el paranoico grueso social de los Estados Unidos. El sonoro “beep-beep-beep…” que emitía el Sputnik​, con una frecuencia regular, desquiciaba a la estresada población estadounidense. Los medios americanos formulaban conjeturas acerca de un hipotético código secreto que debía ser descifrado. La crispación se incrementaba ante la latente amenaza de los ‘beep’s’ emitidos por el satélite que orbitaba plácidamente, ajeno al ajetreo.

En Moscú el éxito se celebró meridianamente. Pese a que evidentemente una parte del Kremlin no era ajena a las posibilidades que esto suponía en la guerra espiatoria, desconocían el alarmismo social que estaban generando las emisiones acústicas producidas por el Sputnik 1​, las cuales tenían en realidad, un carácter meramente indicativo y completamente inofensivo.

Tras el lanzamiento del Sputnik 1​, el gobierno de los Estados Unidos se vio obligado, ante la presión mediática y social, a enviar al espacio el satélite Explorer 1​, iniciando así el pulso entre dos superpotencias que que se adentraban en un proceso de competición enfermiza. Para ello se destinaron desorbitados recursos con el fin de ganar una carrera sobre la que se sustentó gran parte del desarrollo tecnológico de la segunda mitad del siglo.

Esta carrera marcó una época que finalizó, paradójicamente, con el exitoso acoplamiento entre una nave soviética y otra estadounidense en el proyecto conjunto Apolo-Soyuz​ en 1975. Los medios de la época describieron acertadamente el acoplamiento como ‘un simbólico apretón de manos’ entre ambas superpotencias, que marcó el fin de una era irrepetible.